Tres veces más dulce.
19.09.24
De Remzi Doğan
Director de mejora vegetal en Turquía
En una ocasión, Mark Twain se refirió a ella como la «fruta de los ángeles», pero habría que ver la cara de esos ángeles si hubieran probado la «sandía original». Los arqueólogos encontraron los primeros restos de semillas de sandía en Libia, en un asentamiento de 5000 años de antigüedad. La variedad silvestre tenía apenas 50 milímetros de diámetro, pesaba menos de 80 gramos, solo podía abrirse con un martillo y su pulpa verde era extremadamente amarga. Se necesitaron muchas generaciones de selección y mejora para transformarla en la veraniega fruta dulce y de pulpa roja que saboreamos hoy en día.
Con esta transformación de la sandía como telón de fondo, el reto estaba claro: adaptar nuestras variedades de sandía al mercado turco. Con unos 3,6 millones de toneladas cosechadas al año, Turquía se encuentra entre las principales potencias mundiales en la producción de sandía. Sin embargo, su mercado de semillas es relativamente modesto, con un valor estimado de entre 8 y 10 millones de euros. En vista de todo esto, nos surgía la pregunta: ¿cómo podíamos abrirnos paso en un mercado ya consolidado, con variedades que no solo cumplieran, sino que superaran las elevadas expectativas de los productores y consumidores turcos?
Arrancamos con fuerza
Nuestro equipo, aunque pequeño, trabaja codo a codo y sin perder de vista nuestros objetivos, lo que nos permite avanzar con gran rapidez. Además, contamos con el robusto respaldo tecnológico de la familia KWS a nivel internacional, que nos ayuda a mantener esa velocidad de desarrollo. Producto de todo ello serán nuestras inminentes variedades para el segmento de las hortalizas de fruto, así como otras aún más competitivas para nuestro catálogo de hortalizas al aire libre.
El aluvión de ensayos
El proceso comenzó con la creación de un fervoroso equipo en Antalya, donde nos dedicábamos principalmente a tres cultivos principales: tomate, pimiento y pepino. Sin embargo, muy pronto la sandía se convirtió en la prioridad número uno. Incorporamos material genético procedente de nuestros programas de mejora en España y Brasil, e iniciamos un amplio proceso de evaluación en suelo turco. No se trataba únicamente de cultivar sandías, sino de comprender las necesidades específicas de los agricultores turcos y las condiciones particulares en las que estas variedades debían desarrollar su máximo potencial.
Uno de los aspectos más gratificantes de este proceso ha sido la estrecha colaboración con expertos locales como Mümin Sahin, un productor de plantas con más de treinta años de experiencia. Ver cómo se probaban nuestras variedades de sandía en condiciones reales en la finca de Mümin no tenía precio. Sus conocimientos, especialmente en relación con la importancia de las técnicas de injerto y la resistencia a enfermedades, han sido fundamentales de cara a optimizar la estrategia.
Sandías dulces, crocantes y que entran por los ojos
Me enorgullece decir que hemos avanzado mucho. Las sandías que estamos desarrollando no solo ofrecen un rendimiento alto y son resistentes a las enfermedades, sino que además se adaptan como un guante a las preferencias de los consumidores turcos. Nuestro principal objetivo es conseguir una sandía con un alto contenido de azúcar, una pulpa entre roja y rosada, y semillas de tonalidad oscura, ya que los consumidores suelen asociar las semillas claras o un rayado demasiado pálido con inmadurez. Además, en las empresas de procesado, hoy en día se tiende cada vez más a cortar las sandías en porciones más pequeñas, lo que influye directamente en los requisitos de vida útil, crocancia y sabor.
Trabajar codo a codo con profesionales comprometidos como Mümin, que comparten nuestra visión, ha sido una experiencia estimulante e inspiradora a partes iguales. Aunque aún nos queda camino por recorrer, estoy convencido de que, en pocos años, KWS contará con una cartera de variedades de sandía competitiva completamente adaptada al mercado turco.